El sueño de Dakhla (Poemas de Umar Abass). Manuel Moya

“El sueño de Dakhla (Poemas de Umar Abass)” Manuel Moya (Algaida)

AL VIEJO FIRDAUSI

Eres a la vez estancia y refugio
Y Â LAL AL DIN RUMI

No pregunta.

                      Cuando cansados

llegamos a su puerta, en silencio nos acoge.

De quién huyamos

ni qué infortunio nos traiga ante su casa,

no le importa,

y aunque todo en nosotros le desvela,

callado permanece. Sabe

del desierto y de las rutas estivales,

mas descree de los hombres y sus fábulas.

Nunca pregunta. Con timidez

señala hacia las dunas,

en ellas, dice, se halla la respuesta,

pero las dunas, que lo han visto todo,

que todo lo arrastran, que todo lo devoran,

son presas fáciles del viento.

SI ASÍ LO QUIERES

Si así lo quieres,

cubre el cielo de tinieblas

y azota las cumbres y enfurece a los ríos,

pero apiádate de esta casa

que he alzado por tres veces

de la furia y la sevicia de los hombres.

Nada conozco más frágil que estos muros

donde un mísero fuego cada noche

me calienta y me da luz,

así que hazme el favor,

pasa de largo

y de castigar castiga las murallas del alcázar,

que se alzaron para desafiar al mundo,

y no a mí, que a nadie desafío.

LA CASA PROPIA

El cielo es un dragón que sobre sí mismo duerme
CHAMI

Alguna vez al hombre (pero no a todos los hombres)

le llega la esperanza de una casa propia.

Allí , piensa, podré tender mi ropa,

ver cómo pasa el invierno en la tarde que avanza.

Imaginar las sombras, la quietud de la tarde,

el lento desgastarse de la luz entre unos labios.

Unas botas sin nadie, un perro que duerme,

el hombre que escucha desde lejos su nombre de tinieblas,

oh, sueño de Dakhla, con pájaros dormidos y una torre.

Alguna vez el hombre (pero no todos los hombres)

siente esa verdad, ese escalofrío,

como el camello que sobre sí mismo duerme

y entonces elige, sin querer elige, entre el sí y el no,

entre ser humo o ser piedra.

LO VACÍO

Porque lo vacío está en todo.

En el fuego y en el mar, en la nube

y en el niño que llora sucio aún de su placenta.

Recorre los cuerpos y se baña

allá donde la piel limita con la piel.

En la noche crece como un dolor antiguo.

Lo asusta el tigre en el bastión del sueño.

Es una rosa, el chico que mira las palmeras

con el norte nublándole los ojos,

es la escama de un pez luna,

el sitio que dejas en los sueños

y el que muestras aliviado ante el azogue.

No importa que juegues con cartas imantadas

o te muestre el oro inmaculado del crepúsculo,

o un temblor de puro alfanje pula las puertas de tu casa.

Aquí lo tienes, puntual como la rosa en primavera

o el sol ante el shuluq.

EL RÍO

Si el río quisiera obedecerme (ABU NUWAS)

Hay tardes en que siento, aquí, en mi corazón, el río,

lo siento como siento que soy viejo.

Pero ajeno a mí, el río pasa y pasa,

mientras la tarde deja en las orillas una luz tibia,

olor a lodo, a flores muertas.

Sí, es este el río,

el que llega en las sombras,

el que muele las sombras,

el que arrastra las sombras.

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