era jodido ser gordo, lo tenían difícil con el fútbol, con las chicas, en el patio, en las clases de gimnasia … joder si hasta tenían problemas para comprarse la ropa.El Gordo era gordo, flojo, raro y cansino, y joder se lo hacíamos pasar mal, le puteábamos, nos reíamos de su gordura y su torpeza, le ninguneábamos, le insultábamos, le robábamos la merienda … hasta se llevó alguna que otra hostia. El Gordo era muy pesado y muy raro, no le interesaba ni el fútbol, ni las chicas, ni la música, ni las fiestas, solo le interesaba las armas de fuego, solo hablaba de armas de fuego, de calibres, de cartuchos, de pistolas, de escopetas, de fusiles, de sub-fusiles…, vamos un puto rollo. su padre era guardia civil y coleccionaba armas de fuego y su hijo había heredado su mismo cuelgue . un domingo por la noche echaron por la televisión “El cazador”. al día siguiente todos hablábamos de la película y de la ruleta rusa. hasta El Gordo parecía haber disfrutado de la película y nos contó que el arma que utilizaban en la escena de la ruleta rusa con los del vietcong era una 38 especial, de Smith & Wesson, un revolver con cinco cartuchos en el cargador y bla bla bla… y a los pocos días nos vino con la historia de que había jugado a la ruleta rusa. y que era una pasada, una verdadera pasada. a El Gordo no le hacíamos mucho caso, así que como durante días siguió dando la brasa con la ruleta rusa, con que era una pasada, una verdadera pasada, le dijimos que se dejara de historias, que dejara de vacilar, que no le creíamos lo de la ruleta rusa, que lo teníamos que ver para creerlo. y El Gordo un día se vino al instituto con el revolver y nos dijo que en el recreo bajáramos al río y que nos iba a demostrar que no mentía, que el no tenía miedo de jugar a la ruleta rusa. a la hora del recreo nos bajamos al río. eramos cinco y El Gordo. Navarro, Julito, Alberto, El Snoopy, yo y El Gordo. ibamos nerviosos, y yo creí que no era tan buena idea eso de que El Gordo jugara a la ruleta rusa, pero me callé. en la orilla del río, entre unos árboles, nos sentamos en el suelo, El Gordo sacó de una bolsa de deportes el revolver, nos lo pasó para que lo tocáramos, para que viéramos y sintiéramos. cuando le devolvimos el revolver, El Gordo sacó una bala del bolsillo de su camiseta, nos la enseñó, como el que enseña una piedra preciosa, abrió el tambor, metió la bala en el cargador, lo cerró con un golpe de muñeca, como si estuviera en una película del oeste, hizo girar el cargador, dos veces, nos miró, a todos, uno a uno, se llevó el cañón del revolver a la nuca, cerró los ojos y apretó el gatillo. el tiempo que transcurrió entre el click del percutor y volver a ver que todo volvía a estar en orden, que el jodido gordo no se había volado la puta cabeza, se me hizo eterno. eterno y como si todo se hubiera detenido: el tiempo, el río, el canto de los pájaros, la respiración… eterno y terrorífico. joder, nos quedamos acojonados, sin saber que decir, yo no había pasado tanto acojone en toda mi vida. pero El Gordo se levantó, se limpió el sudor de la frente, sacó la bala del tambor, se la metió en el bolsillo de la camisa, guardó el revolver en la bolsa de deportes y echo a andar, como si nada, de vuelta al instituto.durante semanas, El Gordo se hizo un tipo popular, creo que repitió lo de la ruleta rusa en el río, una vez más, para otro grupo de gente, entre ellos, Marina, la pivonaza del instituto. pero no duró mucho su popularidad. nos interesaba más el futbol, el sexo, la música, las fiestas, los porros… y a El Gordo todo esto no le interesaba y a nosotros las armas nos parecía una cosa de colgados. y El Gordo volvió a ser El Gordo. El Jodido Gordo. y aunque lo intentó con el rollo que ahora ponía dos balas en el cargador, a nosotros ya no nos interesaba. una mañana, en clase de Geografía e Historia, entró el jefe de estudios, y tras muchos rodeos, nos dijo que nuestro compañero se había suicidado, que se había pegado un tiro. joder, nos quedamos helados. jodido gordo. durante meses fue el tema de conversación. El Gordo y el día que bajamos al río, El Gordo y el día que casi se rompió los huevos saltando el potro, El Gordo y el día que le hicimos comer saltamontes. joder no podíamos quitarnos a El Jodido Gordo de encima, hasta vino un psicólogo a hablarnos de como superar el dolor y no sé que otras chorradas. nada, el psicólogo no se enteraba de nada, no tenía ni puta idea de nada, no conocía a nuestro Gordo. pero pasó el tiempo y nos olvidamos de El Gordo. ¿qué gordo? hoy he vuelto a ver “El cazador” y me he acordado de El Gordo y del día que bajamos al río, y de las putadas que le hacíamos, y de lo que nos reíamos de él, y de lo triste que es todo …, me he acordado de muchas cosas, pero no llego a recordar como se llamaba. joder, no le dimos ni la oportunidad de tener un puto nombre. para nosotros siempre fue El Gordo. El Jodido Gordo

Carlos Pascual le pone voz al relato en este audio

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