Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación Víctor Guiu

“Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación” Víctor Guiu. (Editorial Dobleuve)

Lo rural es trending topic. Volver al pueblo está de moda. La despoblación (y el reto demográfico -?-) está en boca de políticos, periodistas, creadores de tendencias y demás fauna urbana. Se les llena la boca y los bolsillos hablando de la España vacía/vaciada/interior/abandonada… Cada uno con su marca España, cada uno con sus remedios, consignas, patrocinios, posturas (y postureo). Se organizan jornadas, congresos, certámenes, festivales, conciertos, simposios, manifestaciones, carteras ministeriales… para tratar el tema de la despoblación y buscar posibles soluciones. Y los pueblos (con el buen tiempo -?-) se llenan de emprendedores, dinamizadores, gestores, jóvenes empresarios, neo-rurales, poetas, teóricos, periodistas, homeópatas, entendidos, turistas responsables, malabaristas, oportunistas… Pero llegará el invierno y el frío y nos quedaremos los de siempre. Vacíos. Vaciados. Solos. Resistiendo. Como siempre.Y se escriben libros, muchos libros (novelas, ensayos, estudios, autobiografías, libros de autoayuda, cuentos, distopías, cómics…) que tratan el tema de la España rural, el tema de la despoblación. Se escribe tantos libros que Victor Guiu, subtitula el suyo “Otro puñetero libro sobre la despoblación”.Víctor Guiu es profesor en un pueblo de Teruel y ha participado en numerosos proyectos de desarrollo rural, también es poeta. Y es de pueblo, aunque a veces se define como un híbrido rural-urbano. Y ha escrito un libro titulado “Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación”. “Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación” es un libro puñetero porqué no es un libro complaciente, es un libro puñetero porqué es combativo, porqué tira a diestro y siniestro y con buena puntería. Para ello utiliza la ironía, el descaro, el desparpajo y la sorna. Pero sobretodo utiliza sus experiencias de más de 20 años en la brecha de la España vacía. Y llena el vacío con reflexiones, anécdotas, vivencias, críticas, análisis y preguntas. No hay muchas respuestas en este libro, aunque si alguna. Pero no importa porqué lo importante es que hay un compromiso en no ser cómplice de otra mentira, de otra media verdad, de otro engaño, de otra oportunidad perdida, de otro vacío… de no ser cómplice de que ya no haya nada.

más visiones (novelas, ensayos, poemas, reportajes, documentales, comics…) sobre el medio rural

estaba maldito. ya nació marcado. su madre murió en el parto y La Dolores, la partera, siempre dijo que el niño más que llorar parecía gruñir como un perro rabioso. el padre culpó al niño de la muerte de la mujer y repudió a su hijo, como algunas aves hacen con sus polluelos. al niño lo criaron unos tíos, por parte materna. ya de bebé había algo extraño en él. no le gustaban las caricias ni las carantoñas, ni que le cogieran en brazos. aprendió a andar y a hablar demasiado pronto como si tuviera prisa. era un niño nervioso, como si tuviera el diablo metido en el cuerpo, un niño hosco, huraño, desconfiado. y con esa cara de hurón y esa mirada de serpiente que daba miedo. siempre dije que ya de bebé echaba el mal de ojo. te miraba fijamente a los ojos, con esa mirada oscura y penetrante y te metía el miedo y las desgracias en el cuerpo.

sus tíos hicieron todo lo posible por él pero no hubo forma. a pesar de sus esfuerzos, el niño era desobediente, rebelde, contestón. intentaron enderezarlo, enseñarle buenas costumbres, buenos modales, pero no hubo manera. por mucho empeño que pusieron el niño se crio asilvestrado, asalvajado, como un animal. le gustaba escaparse a la sierra, con un perro lobo que había criado desde pequeño, que tenía más de lobo que de perro. siempre corriendo por los campos o subiéndose a los árboles como un gato montés o recogiendo hierbas para su tía, que era muy de hierbas, ungüentos y pociones. siempre medio desnudo, silencioso y huidizo y con unas greñas enmarañadas y sucias que le llegaban hasta los hombros. siempre iba sucio y oliendo como las abubillas.

a la escuela fue poco y doña Virtudes, la maestra, decía que era el mismo diablo y que no tenía arreglo. y los niños le tenían pánico. siempre hubo en él algo malo, insano.

empezó a beber bien joven, algunas malas lenguas decían que era porque su tío desde pequeño le había dado sopas de pan con vino para desayunar. le gustaba el vino y el aguardiente. y le gustaba estar solo, rehuía de la gente, prefería a su perro lobo que a cualquier ser humano. no le gustaba la gente. y era violento. no tendría más de doce años cuando se vino a la aceituna, no sé que ocurrió pero empezó a discutir con Pascual, el manijero. llegaron a las manos y aunque todavía era un crío, Pascual se las vio y se las deseó para mantenerle a raya. Pascual le echo del tajo y le dijo que no le quería volver a ver. en un momento en que Pascual se despistó le arreó tal pedrada que le descalabró y tuvieron que llevarle a casa del doctor. desde ese día le fue difícil encontrar trabajo, y no le querían ni en la rebusca, así que se pasaba el día holgazaneando o por el bosque o deambulando por los caminos.

ya lo he dicho pero es que era muy violento. en las fiestas de San Blas se pegó con los hijos de Los Caminos. aunque estos eran cuatro o cinco años mayor que él, les arreó una buena tunda y los dejó medio muertos. además tanto a Pascual como a los hijos de Los Caminos desde el momento que se enfrentaron con él, empezaron a lloverles las desgracias. a Pascual se le murieron los dos mulos que tenía para sacar la aceituna. y a los hijos de “Los Caminos” se le murió la madre unos días después de la fiesta de San Blas.

a los catorce o quince años se fue a vivir al monte, a un casa de aperos abandonada. vivía como los animales. vivía de lo que cazaba y de lo que robaba. todos en el pueblo sabíamos que él había robado los jamones en el cortijo de Los Vergeles, que se llevó unas cuantas cántaras de vino de La Plantoná, que tras la desaparición de los corderos de Enrique estaban él y su perro lobo. la guardia civil subió un par de veces hasta la casa de aperos pero no encontraron nada de que acusarle. al pueblo bajaba poco, a llevarle hierbas a su tía, a por vino a La Posada, a merodear por las casas donde había algo que llevarse, a seguir a las hembras casaderas. decían que silbando podía hipnotizar a las mujeres, y hacer lo que quisiera con ellas y ellas después no acordarse de lo que había pasado. y le teníamos miedo. nos daba miedo encontrárnoslo en la sierra. nos daba miedo cuando bajaba al pueblo. nos daba miedo cuando le oíamos silbar. nos daba miedo cuando se nos quedaba mirando fijamente. y no podíamos vivir así, aterrorizados, con el miedo en el cuerpo. así que una tarde nos fuimos hasta donde vivía, a pedirle cuentas, por los robos, por los mal de ojo, por el miedo que nos infundía. a decirle que se fuera del pueblo, que allí no le queríamos. cuando nos vio llegar nos azuzó al perro lobo. no sé quién disparo al perro lobo. no sé quién trancó por fuera la puerta y las ventana de la casa. no sé quién junto la leña. no sé quién prendió la mecha. pero en un momento el cortijo estaba ardiendo. oímos sus gritos de espanto, unos gritos que no podían salir de una garganta humana. todavía hoy los tengo clavados en los oídos. cuando se apagaron las llamas entramos en el cortijo y vimos un cuerpo retorcido que no parecía humano, que parecía un macho cabrío, que parecía el mismo demonio. y por encima de el olor a quemado un olor a azufre, a muerte, que daba miedo.

barrer para casa

“alguien tiene que limpiar la mierda” josé pastor gonzález (ediciones RaRo)

barrer para casa

mi madre

estuvo durante tres años

todos los sábados

limpiando

la casa y el bufete

de un afamado y rico

matrimonio de abogados vallisoletanos

estos

para asegurarse

de la eficacia y honradez de mi madre

escondían

monedas de veinticinco pesetas

como si las hubieran perdido involuntariamente

en rincones inverosímiles

junto a la fotocopiadora, bajo el revistero de la sala de espera,

entre las macetas de la terraza, detrás del televisor…

monedas que mi vieja sólo encontraría si se esmeraba

al barrer, fregar o limpiar el polvo

mi madre

que siempre ha limpiado a conciencia

daba con ellas

y las dejaba

honradamente

en un cenicero

que había en la enorme mesa del salón,

haciendo cuentas

(50 sábados al año por 3 años por veinticinco pesetas)

le deben

tres mil trescientas cincuenta pesetas

y unas disculpas

“alguien tiene que limpiar la mierda” en issuu

“alguien tiene que limpiar la mierda” en scribd

Entre propios y extraños. Óscar Alonso Pardo

“Entre propios y extraños” Óscar Alonso Pardo

Punk

Me gustan los poemas directos

sin rodeos

que mueran pronto

y dejen un bonito cadáver.

Consejo

Ten cuidado, hijo,

que hay mucho ladrón suelto”

decía mi abuela

cada vez que iba a visitarla.

“Aparecen donde menos te lo esperas,

a la vuelta de la esquina”

y justo al doblarla

Te topabas con el Banco Santander.

Brindis

La vida se te escapa de las manos,

apenas queda tiempo para nada,

acaso solo a echar una mirada

antes de que nos coman los gusanos.

Olvídate de cuentas y de arcanos

ahora que la luz no está apagada,

disfruta cada rato, camarada,

qué rápido seremos muy ancianos.

No mires el reloj más de la cuenta,

las horas se deshacen como el hielo.

No es tiempo de rezar en la tormenta.

Prepara ya la sal y la pimienta

choquemos nuestras copas bajo el cielo,

brindemos por la muerte, que lo sienta.

pedidos: sopardo77@gmail.com

se nos fue de las manos. todo empezó como un juego. como una broma. unos gritos. unos insultos. unas amenazas. unas collejas. un par de tortazos, un puñetazo. una nariz rota. un labio partido… poco más. gafes del oficio. no lo hacíamos con maldad solo como una forma de desquite. en nuestro trabajo tenemos que tragar mucha mierda y a veces hay que imponerse y demostrar quien manda. la primera vez que me ensañé con un detenido fue con el Conejo, un delincuente habitual al que habíamos detenido infinidad de veces por hurtos y robos con violencia y que siempre nos lo ponía difícil. nos vacilaba y nos amenazaba con acusarnos de violencia policial, aunque hasta aquel día, nunca le pusimos la mano encima, tal vez alguna colleja, o algún empujón. pero aquella tarde se me fue la cabeza y le reventé la cara a golpes. que le dieran por culo, por bocazas e hijo de la gran puta. lo tenía bien merecido. desde ese día se anduvo con pies de plomo. mi superior me echó una buena bronca, pero no pasó nada y el incidente no se reflejo en mi expediente. la siguiente vez fue con un exhibicionista conocido en el barrio, le gustaba las niñas y siempre estaba merodeando por los colegios de la zona. mira que se lo advertimos pero como si nada, ni puto caso. puto pervertido. le hice mearse de miedo, literalmente le hice mearse de miedo. puede ver y sentir su miedo. su miedo y su vergüenza por haberse meado. y me sentí fuerte. fuerte y poderoso. y le cogí gusto a ese poder. me gustaba verles sentir mi poder. me gustaba que sintieran miedo. que se acojonaran. que supieran quien mandaba aquí. y tal vez abusé de ese poder. tanto mi compañero, Lucas, como yo, somos buena gente. gente de ley y orden como Dios manda. y como nos han educado. rectos, duros, inflexibles pero buena gente. para que la sociedad funcione necesitamos respeto, ley y orden. y buena gente. y a la buena gente hay que protegerla de la mala gente. y hay mala gente, se de lo que hablo. y hay gente que solo aprende a golpes. no somos sádicos, ni matones, ni asesinos, ni torturadores. el maltrato a los detenidos no era algo habitual en nosotros, además de estas dos veces que ya he contado, creo que no llegarían a una docena de veces en que se nos calentó la cabeza y la emprendimos a hostias con el detenido. ahora todos hablan de el moro al que le pusimos la bolsa en la cabeza. o al perroflauta, chulo y guarro como su puta madre, al que le pusimos el casco de motorista en la cabeza y le golpeamos con el listín de teléfonos hasta que perdió el conocimiento. o al camello que le partimos dos costillas. pero fueron excepciones. perdimos la cabeza y los papeles pero no llego la sangre al río. si, a veces nos pasamos pero lo podríamos contar con los dedos de la mano.

con Antonio El Gitano fue distinto. con Antonio El Gitano se nos fue de las manos.

todo va a ir bien. y nos aferrábamos con uñas y dientes a ese “todo va a ir bien”. si todo tiene un final. todo tiene un principio. todo empezó cuando se quedó sin trabajo. y aquella noche que lo hablamos con la preocupación y la incertidumbre en la voz y en los gestos, y su “todo va a ir bien” que nos sirvió para quitarle hierro al asunto. y “todo va a ir bien” se convirtió en nuestra coletilla, en nuestro salvavidas. y a ese “todo va a ir bien” nos agarrábamos cuando pasaron los meses y ninguno encontrábamos un trabajo. cuando se nos acabó el dinero del paro. cuando dejamos de fumar para quitarnos de un gasto “inútil”. cuando dejamos de comprar aceite de oliva para quitarnos de otro gasto “inútil”. cuando los pocos ahorros que teníamos se fueron en un abrir y cerrar de ojos. cuando los amigos dejaron de llamarnos para salir los sábados por la noche. cuando el banco no nos concedió un préstamo. cuando vendimos el coche. cuando acostábamos a los niños sin cenar. cuando no podía más y se me escapaban las lágrimas. cuando discutíamos por cualquier tontería por la que no habíamos discutido nunca (por comprarme unas braguitas de 6 euros, por ducharme con agua caliente, por mandarle una carta a mi madre, por los 45 céntimos del sello, por encender la calefacción antes de las seis de la tarde para no morirnos de frío…)

él hizo todo lo posible y lo imposible para que la realidad no nos hundiera, para que no nos rompiera, para que no nos desgastara, para que no nos rindiéramos. luchó lo que no está escrito para que todo fuera bien. pero nada iba bien.

él no quería darse por vencido pero se iba hundiendo poco a poco, a escondidas, sin que nadie le viera. ni yo ni los niños. y yo no podía o no sabía ayudarle. y le cambió el humor y dejó de comer y se enfadaba por cualquier cosa y le atacaba de los nervios cualquier ruido y no dormía más de tres horas seguidas y se encerraba en su silencio, se encerraba en su mundo y de allí solo salía para decirme a los ojos “todo va a ir bien” y abrazarme con fuerza e imitar a Charlot vagabundo para sacarme una sonrisa y el miedo de los ojos. pero le miraba a los ojos y veía su cansancio, su tristeza, su desesperación y el miedo que compartíamos.

y lo intentamos juntos pero no servía, o no sabíamos, o no podíamos. y lo intentábamos una y otra vez para que todo fuera bien. pero nada iba bien. nada, ni un trocito.

y aquella noche que no vino a dormir, aquella interminable noche, supe que todo había acabado. que el hijo puta se había rendido. que el hijo puta me había dejado sola.

y a los dos días cuando la policía nacional vino a comunicarme que habían encontrado el cuerpo de un hombre ahogado en el embalse de Cubillas que coincidía con la descripción de mi marido, ya nada me importaba. por que ya nada importaba. y ya nunca nada iría bien.

una larga e interminable caída al vacío

una larga e interminable caída al vacío

se rompió

como ese vencejo que cae al suelo

y no puede levantar el vuelo

un animal libre hermoso y salvaje

reducido

a un frágil e indefenso pajarillo

roto por dentro.

con paciencia de araña

con la meticulosidad de la radiación o el cáncer

con saña de torturador

un gota a gota

que horada agrieta destruye

la roca más dura

la piel más dura

el corazón más puro

golpe a golpe

hasta hacer crack

como ese árbol

atacado por termitas

hueco por dentro

que se desgarra en mitad del bosque

y cae

con un ruido demoledor

que deja un silencio que retumba

que deja sin opciones.

una vida cuesta abajo

por el lado equivocado

de malas cartas mal jugadas

de mala cabeza y mala suerte

de pocas oportunidades y muchas mentiras

de fuegos mal apagados y piedras en los zapatos

de bocas partidas y muelas cariadas

de ausencias y carencias (de caricias)

de olvidos y abandonos dándose la mano

y de hostias

de rendiciones y esperas sin fin.

la vida estancada

como el agua de un fregadero que no traga bien

y todo deja de tener importancia

y nada importa pero todo duele

y pasan los días

como pasan los años

arañando donde no hay nada que rascar

luchando por no ser atrapado

por la locura el suicidio el asesinato

o jesucristo

evitando el desastre en el último segundo

como un castigo divino

como cruel gong

que condena a un boxeador derrotado

a seguir encajando

una vida de aguantar

la mirada al vacío

a la gente

al futuro

a la muerte

y saber que todavía queda mucha caída

y la vida

que no cesa

fotografía de Lee Jeffries

versos nómadas que se lleva el viento

versos nómadas que se lleva el viento

llegaron los poetas nómadas

hinchados de ego felicidad y dinero

con sus breves poemitas eco-feministas y anticapitalistas

con sus poses de modernos Che Guevaras de postal

y sus gramitos de rebeldía blanca y cocaína

llegaron los poetas nómadas

con sus hermosas compañeras

repletas de amor y felicidad -como ellos-

haciendo la pareja perfecta

en un mundo perfecto -como ellos y para ellos-

llegaron los poetas nómadas

con sus versos como consignas

y sus proyectos-empresas solidarios

y comprometidos

de las que son fundadores propietarios coordinadores

y únicos beneficiarios

llegaron los poetas nómadas

siempre subidos a la parra

o a los hombros de alguien

(siempre eternamente felices y limpios)

con sus poemas-consejos

y con su redes sociales

repletas de fotos y vídeos (y algún que otro manifiesto y poemita)

de sus viajes-aventuras

fuera de la senda principal

llegaron

con ese mirar por encima del hombro

de seres superiores y especiales

con ese mirar amigable paternalista y hermoso

llegaron

nos etiquetaron

nos colonizaron

nos explotaron

nos engañaron

y nos vendieron

sus poemas y proyectos

llegaron

y se fueron

y tras recoger la basura que habían dejado por aquí

no nos quedo

ni un solo poema

que llevarnos a la boca

sesión doble: Ponche de ácido lisérgico. Viaje mágico: La búsqueda de Ken Kesey para un lugar Kool

Estamos en los años sesenta y Ken Kesey, el autor de “Alguien voló sobre el nido del cuco”, ha reunido a su alrededor a los «bromistas», una desmadrada corte de jóvenes radicales embarcados en novísimos proyectos de vida. Recorren los Estados Unidos de costa a costa en un autobús que conduce Neal Cassady (el mítico Moriarty de En el camino, de Kerouac, amado por Allen Ginsberg y por algunos de los mejores espíritus de su generación), y celebran la vida, el éxtasis orgiástico, las drogas que abren las puertas de la percepción. Y tienen a las fuerzas del orden y al F.B.I. en los talones…

“Ponche de ácido lisérgico” Tom Wolfe (Anagrama)

descargar libro (epub)

documental “Magic Trip: Ken Kesey’s Search for a Kool Place” (Viaje mágico: La búsqueda de Ken Kesey para un lugar Kool) ver película

Words, words, words

Podría encerrarme en una cáscara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito, si no fuera porque tengo malos sueños

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VIAJES AL FONDO DEL ALSA

“Quizás viajar no sea suficiente para prevenir la intolerancia, pero si logra demostrarnos que todas las personas lloran, ríen, comen, se preocupan y mueren, puede entonces introducir la idea de que si tratamos de entendernos los unos a los otros, quizás hasta nos hagamos amigos” – Maya Angelou

Yolanda Jiménez. Terapeuta

"La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla". David Hume

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